THE CLOUD CHAMBER

 

1911 es el año en el que apareció el primer texto teórico de Wassily Kandinsky, Über das Geistige in der Kunst (De lo espiritual en el arte) –un discurso estético que desembocaría en la práctica de la abstracción no figurativa– pero también es el año en el que el científico escocés C.T.R Wilson realizaría su primera Cámara de Niebla (The Cloud Chamber), un aparato capaz de hacer visibles los recién descubiertos rayos cósmicos. Curiosamente, ambos creadores se centrarían en explorar la representación –o documentación– de puntos y líneas sobre planos, investigación que llevaría a Kandinsky a publicar su segundo libro, Punkt und Linie zu Fläche (Punto y línea sobre el plano).

 

“The Cloud Chamber” es una exposición basada en la práctica expandida de la fotografía vinculada a la investigación y marcada por una contundente experiencia fenomenológica del espacio que aprovecha la convergencia temporal (1911) y formal de las primeras fotografías de rayos cósmicos y el primer texto de Wassily Kandinsky para cuestionar el nacimiento de la abstracción pictórica como escisión de la representación.

 

LINAREJOS MORENO, 2017.

 

 

 

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Izq. Fotografía Rayos Cósmicos, Fermilab, 1970. Drcha. Wassily Kandinsky, Composition VIII, óleo sobre tela, 1923

 

 

 

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Proyecto The Cloud Chamber, Centro de Arte de Alcobendas, Madrid 2018. ©

 

 

 

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Trazas de Nubes I. 2017. 3x1.3m
Documento impreso sobre arpillera.
C.T.R Wilson, Cloud Chamber photographs c.1911-13.
En depósito en The Royal Scottish Academy of Art & Architecture collections.
© Imagen: Estate of C.T.R Wilson/Sandy Wood.
© Obra: Linarejos Moreno

 

 

 

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Proyecto The Cloud Chamber (La cámara de niebla), Centro de Arte de Alcobendas, Madrid, 2018. ©

 

 

 

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Sobre los rayos cósmicos, la abstracción y la invisibilidad. 2017.
Documentos impreso sobre arpilleras 3x1.5m, hierro, libros intervenidos, lana y dibujo sobre muro.
© Imagen: Fermilab y Tudor Jones University of Birmingham 1970. © Obra: Linarejos Moreno

 

 

 

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Sobre los rayos cósmicos, la abstracción y la invisibilidad. 2017.
Detalles ejemplares intervenidos de Punkt und Linie zu Fläche de Wassily Kandinsky, 1955 (Primera edición 1926).
© Obra: Linarejos Moreno

 

 

 

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Sobre los rayos cósmicos, la abstracción y la invisibilidad. 2017.
Detalles ejemplares intervenidos de Punkt und Linie zu Fläche de Wassily Kandinsky, 1955 (Primera edición 1926).
© Obra: Linarejos Moreno

 

 

 

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Trazas de Nubes. 2017. 3x1.3m cada una. Impreso sobre arpillera. ©

 

 

 

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Trazas de Nubes. Detalle. 2017. 3x1.3m. Impreso sobre arpillera. ©

 

 

 

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Trazas de Nubes. Detalle. 2017. 3x1.3m. Impreso sobre arpillera. ©

 

 

 

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Trazas de Nubes. Detalle. 2017. 3x1.3m. Impreso sobre arpillera. ©

 

 

 

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Opus 11 y los rayos Cósmicos. 2018. Vídeo loop, sonido stéreo, 3min. ©

 

LINAREJOS MORENO. ELECTRICIDAD ASTRAL

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ELENA VOZ MEDIANO

 

A pesar de que Kandinsky demostró a lo largo de su carrera un gran interés por la Astronomía, hasta el punto de que en fecha tan temprana como 1905 se planteó construir un observatorio en su casa de Moscú, no consta que conociera las investigaciones sobre la radiación cósmica, descubierta el mismo año, 1911, en que él dio el paso a la abstracción. Mas en sus ideas sobre el Cosmos, derivadas de la Teosofía, que tuvieron un eco claro en su pintura, encontramos intuiciones que podríamos relacionar con los rayos cósmicos: para él la obra de arte era el resultado de colisiones catastróficas y el producto de una necesidad interior espoleada por las "irradiaciones" psicológicas, las vibraciones sonoras que emanan de toda la materia que nos rodea. Y, como ha detectado con gran puntería Linarejos Moreno (Madrid, 1974), existe una sorprendente coincidencia entre determinadas configuraciones en sus obras de los años veinte -sobre todo en las ilustraciones de Punto y línea sobre el plano- y las fotografías de rayos cósmicos tomadas décadas más tarde. Obviamente, Kandinsky no pudo ver esas imágenes, pero la artista, que viene explotando una fértil veta de conexiones históricas entre ciencia y arte, imagina que tal vez las percibió. Al fin y al cabo, las partículas cósmicas procedentes de violentas galaxias atraviesan incesantemente nuestros cerebros. Y esa energía dibuja.

Linarejos Moreno ha recuperado viejas fotografías realizadas por el meteorólogo Charles Wilson con la "cámara de niebla" que inventó para visibilizar las partículas cósmicas en ese año crucial de 1911. A partir de ellas, da dos saltos en el tiempo: uno hasta los años setenta, cuando se toman esas otras antes mencionadas, hechas ya con "cámara de burbujas" y mucho más sofisticadas, que parecen "negativos" de las composiciones de Kandinsky, y otro hasta la actualidad, cuando ella misma se ha convertido en observadora de la electricidad astral al utilizar una cámara de niebla que se exhibe en el vecino Museo Nacional de Ciencia y Tecnología en Alcobendas para fotografiar y filmar en vídeo las fugaces estelas. La artista ha elegido una pareja de imágenes de cada uno de estos tres momentos y las ha trasferido a grandes arpilleras con su particular técnica de "fotopintura", en cuyas veladuras de blanco, que aplica sobre el soporte y sobre la impresión de las fotografías consiguiendo el efecto de "aparición" fantasmal, encontramos resonancias de la densa niebla en la cámara de Wilson, en la cual se revela la energía del Cosmos.

En el vídeo, una grabación frontal de la cámara de niebla, asistimos en directo a la lluvia de partículas mientras escuchamos un fragmento de las Tres piezas para piano, Opus 11, de Arnold Schönberg. Con esta banda sonora, que resulta muy adecuada para el espectáculo eléctrico, Linarejos Moreno rememora el decisivo encuentro entre Kandinsky y el compositor, en un concierto, de nuevo en 1911, en el que éste interpretó dicha pieza. Schönberg confirmó al pintor sus percepciones sobre la musicalidad del lenguaje cósmico, de esas vibraciones que traduciría a colores y líneas abstractas. Y Moreno glosa esa idea mediante un dispositivo escultórico, espacial, para la captación de vibraciones: ha cruzado la sala con un gigantesco instrumento musical compuesto por una larga y pesada viga de hierro -en la que exhibe cinco ejemplares de Punto y línea sobre el plano- y una sola cuerda que vuela hasta una de las arpilleras y se introduce en el dibujo. En conjunto, un fino ensayo sobre la poesía de la ciencia, la música de las esferas.

 

ELENA VOZMEDIANO, El Mundo, Suplemento El Cultural, 26 de enero del 2018.

 

 

 

 

 

LINAREJOS MORENO, SOBRE ARTE Y CIENCIA

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MIGUEL CERECEDA

 

Desde Aristóteles, el arte se consideraba, en su relación con la ciencia, como un tipo de saber. La diferencia entre ellos residía en el carácter práctico del arte, frente al teórico de la ciencia. No fue sino en el siglo XVIII, con la aparición del moderno concepto de Bellas Artes, cuando el arte se desvinculó de su sentido utilitario, separándose con ello, a la vez, del saber y de la ciencia. Quedaba pues para el arte el ámbito de la belleza y para la ciencia el de la verdad. Desde entonces, ambas disciplinas se buscan mutuamente -como los andróginos escindidos del mito de Aristófanes-, con admiración, pero a la vez con cierta perplejidad. La ciencia se ha servido del arte (del dibujo, de la pintura, de la fotografía y del cine) para ilustrar y divulgar sus conocimientos, y el arte ha empleado la ciencia como pretexto para sus investigaciones formales.

Fascinación absoluta.

La mirada de Linarejos Moreno (Madrid, 1974) parece que estuviera cautivada por esta relación, tratando de explorar la belleza de la investigación científica. Desde sus primeros trabajos ya mostró una absoluta fascinación por los espacios técnicos, científicos e industriales abandonados, apuntando a una cierta nostalgia romántica por los saberes allí olvidados o dormidos. Esta fijación por la ciencia se mostró nuevamente en la soberbia exposición presentada en 2016 en el Jardín Botánico de Madrid, en la que la artista rendía un cierto homenaje al fotógrafo alemán Karl Blossfeldt -uno de los representantes de la Nueva Objetividad- y a su bello libro de botánica Urformen der Kunst (1928). Esta alabanza la ha llevado incluso a hacer una edición semejante a la de Blossfeldt -casi un facsímil, de reciente publicación-, para presentar su propia obra, con el inquietante título de Art Forms in Mechanism, en el que se tacha la palabra «Naturaleza» y se sustituye por la de «mecanismo».

La presente exposición en Alcobendas, titulada La cámara de niebla, está nuevamente dedicada a mostrar las relaciones específicas entre la fotografía, el arte y la ciencia. Al parecer, la cámara de niebla es un invento de un físico escocés llamado Charles Wilson que sirve para estudiar el comportamiento y la trayectoria de las partículas atómicas y subatómicas. Analizando la ionización de las nubes, Wilson comprobó que la trayectoria de determinadas partículas podría ser visible a través de una mezcla saturada de agua y vapor. Construyó así una «cámara de niebla», en 1911, por la que le dieron el premio Nobel de Física en 1927.

Un giro inesperado.

Moreno se quedó deslumbrada por la belleza de las imágenes resultantes. Lo que presenta en esta cita son fotografías de estas imágenes, tal como aparecen en la primitiva cámara de niebla de 1911, y de otras más recientes tomadas a partir de cámaras más evolucionadas, las llamadas «cámaras de burbujas». Con ello vuelve a repetir su fascinación por las vinculaciones entre ambas disciplinas, que en este caso se acentúa al poner de manifiesto el sorprendente paralelismo entre aquellas imágenes de trayectorias de partículas y los primeros trabajos abstractos de Kandinsky. Pero con ello la artista introduce además un nuevo giro en su trabajo, como autorreflexión de la fotografía, al presentarnos imágenes de imágenes y fotografías de una cámara fotográfica de bello y sugerente nombre.

MIGUEL CERECEDA, ABC, suplemento ABC Cultural, 2 de febrero del 2018.