MATRICES FAMILIARES

 

LINAREJOS MORENO, 19-01-2008

 

Matrices Familiares I. 2008. 100x120cm / 121x151cm. Fotografía Lambda sobre dibón en vitrina. ©

 

Matrices Familiares IV. 2008. 100x120cm / 121x151cm. Fotografía Lambda sobre dibón en vitrina. ©

 

Matrices Familiares II. 2008. 100x120cm / 121x151cm. Fotografía Lambda sobre dibón en vitrina. ©

 

Matrices Familiares III. 2008. 100x120cm / 121x151cm. Fotografía Lambda sobre dibón en vitrina. ©

 

Ensayo Futurista I. 2008. 20x25cm. Fotografía Lambda en vitrina. ©

 

Ensayo Futurista II. 2008. 20x25cm. Fotografía Lambda en vitrina. ©

 

Ensayo Futurista III. 2008. 20x25cm. Fotografía Lambda en vitrina. ©

 

  

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VIRGINIA DE LA CRUZ LICHET

En la serie Matrices Familiares (2008), Linarejos Moreno representa como fondo de estos retratos aquellas matrices y utillaje para la fabricación de piezas por estampación. Ante ellos, unos personajes difusos, casi fantasmagóricos, representan a la propia artista junto a su marido; poco tiempo después de nacer su hija. De esta forma, entre soportes, herrajes, poleas, etc., surgen, una o varias figuras, una suerte de huella de la presencia humana materializada en forma de imagen etérea.

La idea de matriz, principio de creación, permanece muy presente en toda la serie. La fábrica y la propia artista se identifican la una con la otra. Ambas acaban generando algo nuevo, y a su vez en ellas se va marcando el paso del tiempo. Estos retratos, familiares, fueron realizados en un lugar cotidiano para Linarejos, pese a ser extraordinario y desconocido por la mayoría de nosotros.

De ahí que el espectador, ubicado en una topografía que le resulta ajena, cuestiona y se cuestiona aquello que está experimentando: ¿Quiénes son?, ¿Dónde están?, ¿Qué sucede? La historia aparece de forma fragmentada al igual que los propios elementos que constituyen la imagen.

Más allá de tratarse de un lugar re-conocido por Linarejos, éste se ha convertido en un territorio del olvido, en una huella de lo más íntimo. La borradura del ser humano, materializada de forma visual a la manera de un holograma, se convierte en sinécdoque de un lugar que se transforma en un no-lugar, en un territorio deffunctus, es decir sin-función aparente.

Este espacio, que acaba configurando una suerte de utopía, un memento-mori, un lugar para el recuerdo de un tiempo olvidado, adquiere en cierto modo una nueva función, a la manera de memorial.

La artista identificada con este territorio que evoca aquellos recuerdos de su infancia, su pequeña Arcadia feliz, acaba confundiéndose con él, o mejor dicho fundiéndose con esas otras matrices almacenadas, como una más. Estas imágenes que en definitiva representan objetos almacenados, se convierten en los nuevos museos antropológicos de nuestro tiempo, en aquellos ficheros identificativos, en este caso, de su propio linaje. Objetos extraños para un espectador ajeno a esta geografía, y tan cotidiano para la artista, acaban configurando una verdadera “Cámara de las Maravillas”, eso sí ya del siglo XXI. ©

Virginia de la Cruz Lichet, Madrid, Noviembre 2009.